Fui una niña buena y obediente, con coletas y lazos. Desde los 22 soy emprendedora, freelance, gerente o empresaria independiente. Ponle tú el nombre.

LOS ORÍGENES

El valor del trabajo era y sigue siendo uno de los valores que me inculcaron mis padres sin saberlo, porque emprendedora por naturaleza, a esa edad tuve mi primer negocio.

Negocio que, tras dedicarle algunos años de mi vida, me dejó la vivencia de pasar por dos inundaciones que se llevaron prácticamente todo lo que tenía. Todo menos mi vida. Aun cuando la fuerza del agua me arrastraba sin piedad, no tuve tiempo más que de pensar: “voy a salir de aquí“.

Pasé de estar en números rojos, a poder aprovechar la oportunidad de emprender de nuevo. Ahí descubrí y fui consciente de mi habilidad para conseguir resultados tanto con equipos de trabajo como de negocio.

LAS ENCRUCIJADAS

Tras sufrir un accidente de tráfico que por poco me cuesta la vida, viví en un mar de encrucijadas empresariales, en las que tuve que tomar decisiones importantes que marcaron mis nuevos pasos: renacer a la esperanza, redescubrirme en mis valores y reinventarme sin perder la esencia de la fuerza emprendedora y de mi intensidad mental. Y ese pensamiento abierto a nuevas oportunidades, me llevó a seguir entrenando personas en el mundo de la empresa, de la educación, de la vida. En esta ocasión metiéndome de lleno con ilusión y fuerza, en la creación de dos nuevas empresas.

En ellas arriesgué, caí y aprendí. Aprendí a volver a levantarme y salir adelante con más fuerza.

Cada fracaso es un paso adelante
hacia el verdadero éxito

CAER PARA DESPEGAR

Por eso en 2009, para no volver a equivocarme, empecé a formarme en escuelas de negocios sin saber que me esperaba otro susto: aparecieron fuertes pérdidas de memoria que me fueron diagnosticadas como amnesia disociativa: podía olvidar lo que hacía, cómo lo hacía y hasta quién era. De ahí que ordenara y escribiera mi primera metodología: el Método NSR (las iniciales de mi nombre, mi esencia, mi identidad, mi marca).

A partir de ahí, creció mi interés en cómo funcionamos por dentro, qué fuerzas del cerebro nos impulsan a hacer o no hacer las cosas con acierto, qué importancia tiene lo que hacen los demás en nuestro estado de ánimo, cómo respondemos al poner al servicio de los demás nuestras habilidades cuando tenemos mil y una responsabilidades.

Por ello en el 2015, entré de lleno en el mundo de la investigación del campo de la neurociencia y empecé a optimizar el primer método para llevarlo a su máximo exponente, creando el programa Ad Infinitum para facilitar apoyo en la optimización de los procesos, que lleva adelante la persona gerente, en la pequeña y mediana empresa.

Y lo hago porque me he dado cuenta de que hay muchas personas como yo, propietarios de negocios que aunque no hayan pasado por las mismas situaciones, se pueden comparar en que cuando caen, se tienen que levantar de nuevo y seguir, por muchos desafíos a los que se tengan que enfrentar.

IMPULSANDO UN CAMINO

Así, desde el principio de mi camino profesional, he desarrollado sistemas prácticos y eficaces para que las personas con negocios propios puedan poner sus habilidades al servicio de su empresa. Mi andadura, con “el prueba y error”, sumado a mi formación, me ha traído hasta el hoy con dos negocios en marcha. Y sigo dedicándome a mentorizar a empresarios independientes que aman su trabajo a pesar de que haya momentos en los que tirar la toalla sería lo más fácil.

MI OBJETIVO CON EL MÉTODO ES DESVELARTE LOS SECRETOS DEL ALTO RENDIMIENTO, QUE TANTO HAN AYUDADO A GRANDES MULTINACIONALES A CREAR UNA CULTURA CORPORATIVA Y A ENFRENTARSE A LOS DESAFÍOS DEL DÍA A DÍA, PARA GARANTIZAR SU CONTINUIDAD.